Si la dimensión del problema ya amuebla un poco nuestra cabeza, es seguro se nos agolparán algunas cuestiones de “fe” que tratan de resistirse al derrumbe que se vislumbra. Fe en la ciencia y en la tecnología que serán capaces de aportar soluciones, fe en la democracia y en la política que sabrá dar respuesta a los retos que se nos plantean… Fe en la administración de la muerte, como dice Agustín.
El consumo energético mundial depende en aproximadamente un 80% de los combustibles fósiles, llevándose el petróleo, que está haciendo pico, la mitad de este porcentaje. El restante 20% se reparte entre nuclear, renovables, hidroeléctrica y biomasa fundamentalmente. Si nos planteamos la sustitución del petróleo y del gas que hará pico en diez o quince años por otras alternativas como las renovables, la nuclear, etc en un escenario de crecimiento, simplemente no será posible tal sustitución. Claro que esta fe también nos habla del milagro del hidrógeno, de los biocombustibles, de la fusión nuclear… Vayamos por partes:
- Biocombustibles:La producción de maíz de un año de EEUU daría etanol para que funcionase el transporte de este país durante tres o cuatro horas. Los biocombustibles no son viables aplicados a este modelo de consumo. Sería necesario el monocultivo para producir estos combustibles en grandísimas áreas del planeta y sería insuficiente.
- Hidrógeno:Se considera un vector energético lo que supone que en los procesos para su obtención se consume más energía que la que luego produce el hidrógeno obtenido. Además existen dificultades técnicas que van desde la dificultad de almacenarlo, el volumen que ocupa, su tasa de evaporación, la escasez de algunos componentes con los que se fabrican las pilas de combustible…
- Solar y eólica: Las mal llamadas renovables por excelencia. Aunque las podemos considerar muy renovables, lo cierto es que ni los aerogeneradores ni las placas fotovoltaicas lo son. Además para construir estos elementos se consume una buena cantidad de energía y su rendimiento no es ni con mucho suficiente para sustituir el modelo de consumo de combustibles fósiles. No son lo que necesitamos para mantener este modelo de consumo de creciente demanda.
- Nuclear de fisión: Las centrales nucleares funcionan con uranio que es un recurso finito. Al ritmo actual de consumo queda uranio para 60 años, pero las 445 nucleares existentes suponen únicamente el 7% de la energía mundial. Para sustituir la mitad del petróleo con nucleares sería necesaria la construcción de 3000 centrales en todo el mundo. Y nos acabamos de quedar sin uranio. Además está el gravísimo problema del confinamiento de los residuos que son altamente radiactivos durante miles de años sin existir un modo realmente eficaz de confinamiento. También la posibilidad de un accidente, que aunque nos dicen que remota, la proliferación de centrales en distintos países aumentaría el riesgo de un incidente serio.
- La fusión nuclear: No se vislumbra en menos de 40 años. Además, es técnicamente muy compleja. Si dentro de cuarenta años se consigue hacerla funcionar sería necesario construir muchas de estas instalaciones que serían muy costosas y llevaría muchos, muchos años ponerlas a funcionar. Quién sabe…
- Otras…: Existen multitud de formas de obtener energía. De algas, de aire comprimidos, con electromagnetismo… Por ahora, no se sabe de ninguna que pueda ofrecer un sustituto viable para los fósiles, es decir, sea abundante, fácil de obtener, tenga un rendimiento aceptable y resulte rentable. Quien sabe, puede que alguien nos sorprenda algún día con un gran descubrimiento, pero por ahora esto es lo que hay.
Pero la cuestión no es tanto encontrar otras fuentes de energía, que también, como la de cambiar drásticamente el modelo de consumo. Este modelo de despilfarro y continua demanda creciente de recursos no puede más que llevarnos a un callejón sin salida. Un cambio difícil por ser esta la lógica interna de la economía de mercado y, en el fondo, la que tenemos interiorizada los ciudadanos del llamado “mundo desarrollado”. Pero, o se cambia este modelo o llegará el momento en que las cosas simplemente rompan por todas partes y nos encontremos con sorpresas muy desagradables. Situaciones que en esta sociedad de consumidores no seríamos capaces de asimilar. Y suele ser en estos escenarios cuando actúa el lado más oscuro del ser humano.
Para ir un poco más allá de esta cháchara no te puedes perder el documental “Petróleo, humo y reflejos“. Toda una revelación.